domingo, 18 de marzo de 2007

A la caza del mochilero




Adolescentes americanos recién graduados en el instituto. Mozalbetes de hormonas descontroladas fumando hierba e intercambiando obscenidades verbales. Con un panorama así podríamos pensar que estamos ante la típica película sobre jovenzuelos poco avispados intentando intercambiar fluídos entre hachazo y hachazo de las muy cabreadas criaturas de Viernes13, matadores de Texas y demás fauna. Pero no nos alarmemos todavía, Hostel se salva del escarnio debido a una serie de ingredientes que la convierten, si no en obra maestra, si al menos en entretenida y bastante potable ( tampoco hay razón para creer que sus creadores hayan querido hacer algo más de ella).La película, dirigida por Eli Roth ( Cavin Fever) es dura, árida, sucia, salvaje.
Violenta, sí, pero mucho menos de lo que podía esperarse en un principio. Pese a llevar la impronta de Tarantino como productor ejecutivo, las imágenes gore son relativamente escasas y comedidas ( nada que ver con el detallista y detallado primer plano de la oreja cortada en Reservoir Dogs, por poner un ejemplo), aunque el espectador no se librará de tener que retirar la mirada de la pantalla en varias ocasiones: los pinitos quirúrgicos sobre uno de los protagonistas o la larga imagen de la mujer oriental....y su ojo. Nada demasiado excesivo, sin embargoEn cuanto a los personajes, los tres protagonistas , Praxton ( Jay Hernandez), Josh (Derek Richardson) y el finlandés Oli ( friki donde los haya), no son en absoluto complejos ni ambiguos; los creadores no se anduvieron con alharacas al respecto: lo importante eran la sangre y las vísceras, no los retratos de personaje.
Aún así, y al estar presuntamente basada en hechos reales, la película se las arregla para incitar a una cierta reflexión al componer un tenebroso réquiem sobre la sociedad actual y uno de sus males: la insatisfacción humana que impulsa a buscar emociones extremas; en este caso, la tortura como placer gratuito.Hostel es, en suma, un correcto ejemplo del cine de terror actual, en la linea de directores como Romero, Hooper o los orientales tan de moda últimamente ( Nakata, Miike, Chan...), con suficientes detalles como para resultar recomendable: el paisaje atávico de una Eslovaquia enfocada como un lugar turbio plagado de dictadores , la ambigüedad sexual de uno de los personajes o, sobre todo, las escenas llenas de malicia con los niños como protagonistas, dignos del mejor Chicho Ibáñez Serrador.

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