domingo, 18 de marzo de 2007

Palomas


Las personas que me conocen bien saben de la tremenda fobia que le tengo a las palomas y el absoluto desagrado que me produce verlas o escuchar sus arrullos roncos de cabareteras Una fobia muy difícil de controlar si tenemos en cuenta que no queda ciudad en el mundo que no se vea asediada por su presencia. Cientos de ellas en los balcones, en los aleros, en las aceras, en los parques, esquivando apenas-que parsimonia,dios mío- a los peatones con esos andares patéticos, picoteando migajas de donuts y pan bimbo ( seguro que están todas diabéticas perdidas). Imponiendo su presencia de ratas con alas ( ¿ por qué la gente que no soporta a las ratas tolera sin problemas la presencia de estos bichos igualmente repulsivos?). Estoy hablando de esto ahora porque tengo grabada en la mente una imagen desde el domingo pasado: un bulto amorfo, amasijo de plumas pegajosas y ojillos entrecerrados: una paloma enferma, moribunda, que, por el aspecto, debía de tener la lepra, la tiña, la gripe aviar o las tres cosas a la vez. Por cierto, el lugar en concreto donde se había colocado el bicho era en la entrada del mismisimo ICADE ( sin comentarios). Menos mal que era domingo.
En fin. El caso es que cada vez que me acuerdo se me ponen los pelos de punta y siento escalofríos. Y sí, entiendo que lo mío es patológico y sin precendente, ya que a juzgar por casos como éste que me ha dejado completamente patidifusa, los animalillos de marras cuentan con benefactores y adalides a tutiplén. Quién sabe por qué.
Palomas: vivas o muertas: no puedo con ella

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