sábado, 7 de julio de 2007

Desgracia y dignidad


Son los temas principales de Desgracia de Coetzee.
Tal como el propio titulo de la novela da a entender, la caída en desgracia del protagonista es el motor que da lugar a la trama. Al comienzo de la novela nos encontramos con un David Lurie profesor universitario, gozando de una situación acomodada, respetable (a pesar de su insatisfacción, de su malestar ante la vida, aspectos que trataremos más adelante). Debido a las relaciones sexuales que mantiene con una alumna, Lurie se ve privado de su puesto de trabajo y, lo que es más importante, de su respetabilidad, de su credibilidad ante una sociedad-la de la Sudáfrica de finales del siglo XX-proclive a juzgar y a hacer severas valoraciones morales de sus miembros.

Podemos pensar que el ostracismo al que Lurie se ve condenado es demasiado riguroso, ya que al fin y al cabo, Melanie no fue obligada a mantener relaciones con su profesor (aunque quizás sí presionada), sin embargo, lo que más llama la atención es la reacción de David Lurie ante todo lo que le acontece: una actitud que sólo podemos calificar como digna.

Desde el momento en que la comisión disciplinaria lo convoca para pedirle explicaciones, Lurie renuncia a defenderse, renuncia a depositar en Melanie cualquier tipo de responsabilidad, todo lo contrario, no le guarda rencor y la exculpa por haberlo denunciado. Lejos de escoger el camino más fácil y pedir unas disculpas públicas que lo mantendrían en la docencia, se hace cargo de toda responsabilidad y no se presta a ser hipócrita, a mostrar un arrepentimiento que no siente, a renunciar a su naturaleza.

Más adelante, en el libro aparece una imagen que es una metáfora de la actitud de Lurie: el perro que es apaleado cuando sigue su instinto sexual y que acaba gimiendo aterrorizado ante la simple vista de la perra. Lurie renuncia a ser ese perro, renuncia a que los juicios morales de la sociedad lo alejen de sí mismo.

¿Estamos hablando de resignación? La actitud de Lurie puede parecernos conformista, pero ¿lo es en realidad?. Más bien parece una especie de coraje subestimado, una renuncia a luchar contra la moralidad de una sociedad que le parece absurda, que le provoca insatisfacción, que no lo llena.

El terror a envejecer está presente en este libro. Lurie es un hombre de edad más que mediana (cincuenta y dos años), que ve como el paso del tiempo lo va privando de muchos de los placeres de la juventud. El sexo escogido es uno de ellos. Lurie ve como cada vez le cuesta más conquistar a mujeres jóvenes y debe recurrir a prostitutas como Soraya o hacer valer su auctoritas como profesor para conseguir a jóvenes alumnas como Melanie. Hacia el final de la novela vemos a Lurie manteniendo relaciones con Bev, una mujer que no le resulta en absoluto atractiva, lo cual nos hace pensar que se ha adaptado por fin a su situación, que ha asumido que ya no es joven y que su lugar no está tanto junto a las jóvenes como junto a las mujeres de edad similar a la suya.

David Lurie es el heroe de esta novela; pero es más bien un antihéroe en el sentido de que es un personaje que no está en sintonía con su escenario y con los demás personajes. Lurie se nos presenta como un hombre insatisfecho con la vida que le toca vivir; pero no es un personaje que lucha, sino que va contra corriente de un modo plácido y silencioso.
Al final de la novela comprobamos como Lurie ha evolucionado. No se nos presenta como un hombre contento ni mucho menos, pero parece haber aceptado su situación, parece haber hallado una cierta paz en su tarea de darle a los perros muertos un enterramiento digno. La dignidad, de nuevo.

El tema del odio racial se nos aparece en esta novela de un modo sutil, silencioso. Recordamos que la política del apartheid desapareció en Sudáfrica hacia mediados de los 90, y por tanto en la época en que se ambienta esta novela el conflicto racial era todavía una herida sangrante en el país. Para hablar de este tema debemos remitirnos a ciertos personajes también muy importantes en la novela como son Lucy, la hija de Lurie y el “capataz” Petrus.

Cuando Lucy es violada renuncia- pese a la oposición de su padre-a denunciar los hechos. Estamos ante la expiación del hombre blanco. Lucy, mediante este acto simbólico, parece estar cargando sobre sus espaldas la culpa de todos los abusos que los blancos cometieron en Sudáfrica durante tanto tiempo. Se está aclimatando al lugar donde vive y a las costumbres del mismo, costumbres que pueden estar en contraposición con las de la sociedad blanca y “civilizada”. Esta actitud suya se ve confirmada por sus intenciones de contraer matrimonio con Petrus para no tener que renunciar a la granja.

Cobra importancia en este sentido, la contraposición de los escenarios de la novela: el urbano, blanco, civilizado y el rural, salvaje, atávico y negro. Es el segundo el que acaba “triunfando” al final de la novela. La Sudáfrica negra absorbe a los personajes y los hace suyos.

1 comentario:

Jorge dijo...

Y Sudáfrica, dentro el continente, es de los países más desarrollados.