sábado, 10 de enero de 2009

Tierra


Río Arnoia

Ese entramado de texturas y colores que se extiende varias hectareas por el lado más sombrío del valle, un poco por encima del pueblo y no muy alejado de los campos de labor. Esta tierra es un tapiz bullicioso y compacto, cimbreante de vida. El suelo vibra y se mueve, se retuerce y se eleva bailando al son de una orquesta continua: el susurro de los brotes esperanzados, el murmullo denso y caliente de la tierra, húmeda y oscurísima, la cadencia callada de una serpiente que se arrastra, veloz como un escalofrío, la percusión de los pasos de algún animal que corre a esconderse entre los matorrales...y, más arriba, el vals acompasado de las ramas de los árboles, el despliegue de rumores en sus copas, el canto de miles de pájaros. Y, por supuesto, los colores: granate, gris, marrón, grisáceo, púrpura y verde, un verde oscurísimo, casi negro a ras de suelo que va clareando a medida que se eleva hasta las copas de los árboles, a través de cuyas ramas el sol logra asomarse haciendo guiños.

1 comentario:

Galiña Cega dijo...

Bonito relato, tal cual es, un río especial que a su paso tambien por las laderas del monte Medo, por Francos se muestra sereno , tranquilo, pero eso sí con sus aguas oscuras debido a la profundidad y a las sombras de sus árboles.