miércoles, 11 de febrero de 2009

Un hombre


Si esto es un hombre, de Primo Levi

La novela está ambientada en un momento histórico muy delimitado, el holocausto nazi, una época sobre la que se ha escrito y hablado mucho. En el libro se narran las experiencias vividas por Primo Levi, italiano y judío, en el campo de concentración de Auschwitz, desde que fue apresado hasta el momento de la liberación por los aliados.

Lo primero que llama la atención de este libro es el estilo del autor: desapasionado, aséptico, levemente irónico, carente de todo tremendismo. Primo Levi se las arregla para transmitir al lector todo el drama de los campos de concentración sin recurrir a un lenguaje lastimero ni a imágenes macabras.

Evidentemente, en el libro también está presente una crítica al régimen nazi, a la locura que llevo a Hitler y a sus seguidores a cometer tantas atrocidades. Esto se manifiesta especialmente en la escena en la cual Primo Levi se examina de Química y ve en la mirada del nazi que él no llega a la categoría de persona ante sus ojos.


La supervivencia.


Otra de las dolorosas conclusiones a las que llega el autor durante su estancia en el campo, es la desaparición en él y sus compañeros de valores humanos tales como la piedad, la solidaridad o la empatía. En lugar de unirse, los prisioneros libran su propia batalla unos contra los otros, a sabiendas de que cualquier signo de debilidad los conducirá a la muerte. En circunstancias extremas, concluye primo Levi, los hombres tienden a devorarse entre sí. Aquí, más que nunca, el hombre es lobo para el hombre.


La humanidad.


En circunstancias tan atroces, podemos comprender que no resulte difícil renunciar a todos los rasgos que hacen humana a una persona. La parte racional de los prisioneros se necrosa, entra en estado de hibernación y priman los instintos más básicos, los más animales, los que permiten la supervivencia. Así, Primo Levi nos dice que no son los hombres más cultos ni los más preparados los que sobreviven, sino los más “duros de pellejo” y los más hábiles con las manos.



Un fragmento:

Me llamo 174517; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo izquierdo. La operación ha sido ligeramente dolorosa y extraordinariamente rápida: nos han puesto en fila a todos y, uno por uno, siguiendo el orden alfabético de nuestros nombres, hemos ido pasando por delante de un hábil funcionario provisto de una especie de punzón de aguja muy corta. Parece que ésta ha sido la iniciación real y verdadera: sólo “si enseñas el número” te dan el pan y la sopa. Hemos necesitado varios días y no pocos bofetones y puñetazos para que nos acostumbrásemos a enseñar el número diligentemente, de manera que no entorpeciésemos las operaciones cotidianas de abastecimiento; hemos necesitado semanas y meses para aprender a entenderlo en alemán. Y durante muchos días, cuando la costumbre de mis días de libertad me ha hecho ir a mirar la hora en el reloj de pulsera he visto irónicamente mi nombre nuevo, el número punteado en signos azulosos bajo la epidermis

No hay comentarios: