lunes, 11 de enero de 2010

El fracaso de Copenhague impulsa a Europa a apostar por las energías renovables


Estaba considerada como el bastión donde se resguardaban las últimas esperanzas de la humanidad a la hora de combatir con éxito la debacle del cambio climático y dar pie a un mecanismo global y firme de reducción de las emisiones de efecto invernadero. Sin embargo, la Cumbre de Copenhague, inútil a la hora de coordinar las posturas de los países emergentes y los desarrollados, ha dado al traste con las expectativas de todos a la par que levantaba una violenta polémica- que también afectó a España- con la detención y encarcelamiento de varios activistas de Greenpeace. La debacle de Copenhague ha demostrado que queda mucho por hacer en materia de preservación medioambiental, dando lugar al surgimiento de nuevas iniciativas. Europa, avergonzada tras el fracaso, trata de enmendarlo mediante la construcción de una red de cables que , situados en el Mar del Norte, proyectan interconectar varias plantas generadoras de energía eólica e hidráulica, abogando de nuevo por la promoción de las energías renovables.

La iniciativa es respaldada por varios Estados miembros y, a pesar de estar todavía en pañales y de enfrentarse al escollo de una ingente financiación- que tendría que ser solventada por compañías del ramo-, esgrime ciertas ventajas que han levantado entusiasmo, ya que la súper red permitiría compensar las fluctuaciones de rendimiento de las centrales eólicas, actualmente dependientes de factores meteorológicos, y garantizar así un suministro fiable de energía renovable.

Y entre las energías renovables, encuentran un lugar destacable las energías oceánicas, objeto de investigaciones en los últimos tiempos por su gran número de ventajas con respecto a la energía tradicional. A este nuevo nicho de oportunidades ha dedicado su atención Iberdrola, que junto con otras 19 empresas y 25 centros de investigación españoles, lidera un consorcio que desarrollará el mayor proyecto mundial de I+D+i sobre energías renovables oceánicas. Esta iniciativa, denominada Ocean Lider, cuenta con un presupuesto de 30 millones de euros. El proyecto proyecto ha recibido una subvención de alrededor de 15 millones de euros por parte del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y del Fondo Estatal de Inversión Local -Gobierno de España. Plan-E y ha sido apoyado por el Ministerio de Ciencia e Innovación.

La iniciativa de Iberdrola destaca entre las que últimamente están surgiendo en España en materia de protección medioambiental y promoción de las energías renovables. El pasado 1 de enero y de la mano de la delegación española de PTR (Pollutant Releases and Transfers Register) se abría el periodo de registro y notificación -el octavo desde la implantación del Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes en 2002-, y el tercero en el que los complejos industriales deben informar de acuerdo con los requisitos estipulados en el Real Decreto 508/2007 y el Reglamento E-PRTR, de las emisiones y transferencias de residuos fuera de su instalación durante el año 2009.

El objetivo es la puesta a disposición del público la información sobre emisiones y transferencias de residuos de las principales sustancias y sectores industriales. En este caso son las Comunidades Autónomas las que tienen competencia para recabar la información que, después de ser validada, es remitida al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino para su publicación en el Registro PRTR-España. La notificación por parte de los complejos industriales afectados debe realizarse teniendo en cuenta el procedimiento que para ello dispongan las diferentes Comunidades Autónomas.

EL CAMINO HACIA LA EMPRESA SOSTENIBLE

En la iniciativa de Iberdrola y en la red europea a favor de las energías renovables se conjugan las dos armas esenciales que protagonizarán la lucha contra el cambio climático: un sector público comprometido y una empresa responsable y sostenible. Ambos deben caminar a la par a la hora de librar batallas que, en muchos casos, están casi perdidas ya por causa de la desidia e impasibilidad con que el planeta en general viene contemplando la imparable catástrofe climática, a pesar de las iniciativas-modestas y aisladas en los mejores casas, puramente teóricas en demasiadas ocasiones-que han goteado desde que el problema del calentamiento global comenzó a hacerse visible.

La preocupación por la protección medioambiental surgió por vez primera en la agenda internacional a lo largo de la conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo Humano que tuvo lugar en Estocolmo en 1972. Los primeros desastres ecológicos de envergadura y alcance internacional-como el vertido de crudo del petrolero Torrey Cnayon-y una serie de publicaciones de hondo calado entre la opinión pública entre las que cabe destacar “Silent Spring” de Rachel Carson, motivaron el pistoletazo de salida para la preocupación mundial, una preocupación que ha ido incrementándose con el paso de los años y las escasas repercusiones prácticas de las iniciativas, casi siempre aisladas y teóricas, que surgían década tras década. En la Conferencia de Estocolmo de Naciones Unidas se creó también el PNUMA (UNEP), Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuya función esencial es orientar y actuar como instrumento catalizador de programas de cooperación internacional en materia de protección ambiental.

La definición mejor considerada en cuanto a la sostenibilidad empresarial es la acuñada en el año 2002 por la Fundación Entorno y que indica que “ una empresa sostenible es aquella que crea valor económico, medioambiental y social a corto y largo plazo, contribuyendo de esa forma al aumento del bienestar y al auténtico progreso de las generaciones presentes y futuras, tanto en su entorno inmediato como en el planeta en general”. Lo correcto para que una empresa pueda ser considerada sostenible es que satisfaga no sólo las expectativas de los inversores, sino también las de todos los grupos de interés implicados.

Así pues, a la hora de abogar desde el seno de una compañía por el desarrollo sostenible, es de la alta dirección de donde debe partir el compromiso inicial con una determinada asunción de valores. Lo mismo ocurre con la industria y este sector es, si cabe, el más delicado a la hora de hablar de desarrollo sostenible. Puesto que los vertidos tóxicos y los mayores atentados contra el medio ambiente tienden a producirse en el sector industrial, los planes de RSC y las campañas en pro de la sostenibilidad han de integrarse también en la cúpula directiva de estas compañías.

BUSCANDO LA ECOEFICIENCIA

Un paso más allá está en la búsqueda de ecoeficiencia, término por el que se entiende “la distribución de bienes y servicios, a precios competitivos, que satisfacen las necesidades humanas y mejoran la calidad de vida al tiempo que reducen los impactos ecológicos y la intensidad de recursos a lo largo de su ciclo de vida a un nivel al menos igual a la capacidad de carga estimada del planeta”, según la definición acuñada por el Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sostenible.

Para conseguir avanzar hacia la sostenibilidad tiene que haber una base sólida, una integración total de las políticas de RSC en el seno de la compañía y unos objetivos claros y definidos a favor de la sostenibilidad. Una compañía antes de embarcarse en una campaña o programa de desarrollo sostenible ha de cumplir con otros requerimientos básicos, tales como el cumplimiento de la legislación o la incorporación de sistemas de gestión que impliquen un ánimo de superación a través de la mejora continua y de planificación de actividades.

Como impulso al desarrollo sostenible, en la actualidad, los mercados internacionales disponen de índices de valores constituidos por empresas sostenibles, como son los grupos de índices FTSEGOOD o los Dow Jones Sustainability Index (DJSGI). Los índices citados están compuestos de aquellas empresas que acreditan de manera suficiente su compromiso de sostenibilidad. Es innegable que las empresas que tienen políticas y mecanismos de preservación medioambiental tienen una cotización muy superior en las bolsas. En los últimos tiempos las compañías que integran la sostenibilidad en la estrategia alcanzan un gran rendimiento que se refleja en los valores alcanzados en los distintos parámetros financieros clave.

No puede negarse que la preocupación por el medio ambiente esté influenciando y condicionando en gran medida los procesos de toma de decisiones financieras de las empresas y, en último caso, la contratación de proyectos por parte de un sector industrial que trata de huir de aquellas acciones potencialmente perjudiciales con el medio ambiente. Últimamente, también los mercados valoran positivamente los enfoques de gobierno corporativo y la gestión solidaria y comprometida con el medio ambiente. Aunque tradicionalmente las empresas han contemplado con escepticismo a los proyectos relacionados con la responsabilidad ambiental, pero ya se empieza a poner de manifiesto la posibilidad de que una gestión responsable pueda derivar en impactos financieros positivos.

11/01/10 para ICNR