jueves, 22 de julio de 2010

El concepto Gobierno Corporativo se reinventa a través de la adaptación, el diálogo y el desarrollo de una nueva ciudadanía corporativa


La importancia de un gobierno corporativo concienciado, coherente, honesto y responsable ha quedado patente a raíz de que las grandes compañías se viesen obligadas a poner sus barbas a remojo tras turbulentos escándalos como los padecidos por gigantes como Worldcom, Parmalat o Enron, provocados nada menos que por un cúmulo de malas prácticas y una gestión impasible, despreocupada hacia las necesidades de los stakeholders y voraz en todo lo relacionado con la búsqueda del beneficio a corto plazo. Desde entonces, ha quedado meridianamente claro que es imprescindible controlar y supervisar las actividades de la compañía para equilibrar los intereses externos e internos creando valor a largo plazo. Tanto para las grandes multinacionales como para las empresas medianas y pequeñas, se hace necesario un buen gobierno que reduzca los conflictos, fomente la transparencia y regule los mecanismos de control interno.Es evidente que la necesidad de buscar respuestas responde al clima de absoluta desconfianza que reina en la actualidad entre todos los grupos de interés. Un pasado cuajado de medidas de infravaloración del riesgo y persecución a toda costa del “cash” les pasa ahora factura a las empresas, que ven oscilar sobre sus respectivas marcas el gran interrogante que la sociedad se plantea acerca de las vías que las compañías van a seguir para subsanar sus errores y afianzar nuevo clima empresarial más transparente, más dialogante, realmente sostenible en el tiempo.

TRANSPARENCIA Y CONTROL

Así, el tumultuoso escenario económico actual- con las nuevas tendencias de gestión corporativa, el  dubitativo papel del sector público y la creciente relación con los actores sociales a flor de piel- se revela como el escenario ideal para debatir acerca de las últimas tendencias de gobierno corporativo; el caldo de cultivo apropiado para un brainstorming que ha tenido lugar durante las últimas semanas con la celebración de la quinta edición del Foro de Gobernanza de Yale,  que ha puesto sobre la mesa los temas más recurrentes y delicados del gobierno empresarial.  Así, han saltado a la palestra temas tan controvertidos como la cada vez más intrincada relación Empresa-Estado, la necesidad de los consejos de administración de adaptarse a las nuevas realidades, los retos de los CEOs en el nuevo escenario económico más sostenible o la necesidad de Códigos de Buen Gobierno Corporativo como garantía de control y transparencia.

Ciertamente, no son pocos ni baladíes los temas que pueden desarrollarse a la hora de abrir un debate sobre gobierno corporativo, y el Foro de Yale arroja un puñado de buenas- y nuevas-ideas que merecen atención. Cabe afirmar que el buen gobierno se basa en principios lógicos como la equidad, la honestidad y la justicia, tanto para con los grupos de interés como para la sociedad en general, según establecen los estándares de Basilea II y los principios que podemos encontrar en la regulación internacional. El tratamiento equitativo de los accionistas y la presencia de los grupos de interés social en el gobierno de las sociedades son asimismo requisitos indiscutibles de la buena gestión corporativa. Además, el diálogo y la honestidad empresarial son dos instrumentos básicos del gobierno corporativo pluralista, en el que las distintas partes implicadas son consideradas de manera equilibrada y donde los intereses de unos pocos no prevalecen sobre los intereses de los demás.

De entre los temas más candentes, la transparencia corporativa sigue liderando la lista de preocupaciones de empresas y stakeholders. De hecho, son cada vez más las compañías que se ven en la necesidad de pulir sus informes de gobierno corporativo, segando la información exagerada o “buenista” y ganando en precisión a la hora de responder a cuestiones sobre supervisión y control.  


En el caso de España- y no es el único- las necesidades del bueno gobierno corporativo encuentran respuesta más en las iniciativas aisladas de organismos e instituciones que en un plan riguroso y prefijado de antemano por las propias compañías. Importante es el papel que juega la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA) a la hora de contribuir a la transparencia corporativa en España. Desde su creación en 1979, el organismo creó la Comisión sobre Principios Contables, cuya tarea se centró en la fijación de los principios y normas contables más aplicados en España, recogidos posteriormente por el Plan General de Contabilidad de 1990 que se encargó de oficializarlos. Se llenó de ese modo el hueco existente en la regulación contable y se suministraron herramientas que fomentasen la transparencia de la información contable publicada por las empresas españolas, sirviendo asimismo de soporte al desarrollo de la regulación contable oficial, que iba llevándose a cabo en forma de Adaptaciones sectoriales y otras diversas normas publicadas por el ICAC. Otras importantes acciones en pro de la transparencia informativa llevadas a cabo a AECA han versado sobre Nuevas Tecnologías y Contabilidad, con una especial atención al reporting digital y al desarrollo del lenguaje XBRL para la publicación de los estados financieros en Internet; y a la Responsabilidad Social Corporativa.

CIUDADANÍA Y ESTADO

Igualmente vertiginoso es el nuevo concepto de “ciudadanía corporativa” que acompaña a la progresiva- y enmarañada- red de relaciones entre Empresa, Estado y Sociedad que constituyen un núcleo de análisis para un futuro inmediato. Un Estado comprometido con el buen gobierno y un buen “ciudadano corporativo” son aquellos que están activamente comprometidos con la promoción de las buenas actuaciones de la empresa en la sociedad. Esta noción, aplicable al sector publico y a la ciudadanía, inspira responsabilidades y derechos individuales en el seno de una comunidad política, teniendo como concepto clave la “participación” en la sociedad más que una serie de derechos y obligaciones individuales. Últimamente  ha cundido incluso el término de “ciudadanía corporativa global” que aúna la anterior definición al fenómeno de la globalización.

Esta teoría supera la idea de que la empresa es un ente aislado de la sociedad en la que se integra, exclusivamente sometido a la bipolaridad mercado-Estado. Supera también la tradicional concepción que reduce los negocios a un propósito económico; y sin embargo, adolece del defecto de estar asentada sobre cimientos difusos, resultando muy difícil determinar cuáles son los estándares globales de la ciudadanía empresarial.

Así pues, existe todavía un largo camino por andar en el espinoso campo de las definición del buen gobierno corporativo, sus lazos con la Responsabilidad Social, y su futuro en el nuevo modelo productivo.  A pesar de todo, cabe afirmar que si bien puede ser que el bueno gobierno, por sí sólo, sin más apoyos, no salve de la crisis a las compañías, no se debe obviar que las prácticas que lo conforman son un elemento harto importante de aquellos que, unidos, pueden ser realmente el candado necesario para dejar atrás la situación de incertidumbre y falta de confianza. Y es que las prácticas de buen gobierno constituyen uno de los ingredientes de la empresa responsable, junto con el respeto por el medio ambiente, el compromiso social, la sostenibilidad económica y financiera y la existencia de balances sólidos

22-07-10 para iCNr

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