viernes, 9 de julio de 2010

El impuesto “verde”, de nuevo a la palestra en Bruselas

El problema del cambio climático ostenta, desde hace décadas, el dudoso honor de capitanear la lista de los enemigos más acérrimos para el planeta, de erigirse como una de las amenazas más constantes para la salud y la supervivencia de la población. Tras los reiterados fracasos de los líderes mundiales para encontrar una solución al problema de las emisiones contaminantes, el problema climático ha soslayado las meras repercusiones morales para convertirse en una cuestión de supervivencia pura y dura. El informe Stern, tras su celebrada publicación en 2006, ha servido como bautismo de fuego de la personalidad económica del cambio climático, entendido desde entonces como un ente con impacto y relevancia cuantificable en términos económicos, más allá de su impacto meramente medioambiental y sobre la salud del planeta y las personas.

Es obvio que el tiempo se acaba ya, y lo hace en uno de los momentos históricos menos oportunos, con el mundo convaleciendo todavía, frágil, tras los devastadores efectos de la peor recesión a nivel mundial desde el crack de 1929. Y a esta crisis-económica y de confianza- que ha dejado tras de sí un amargo regusto de desazón y apatía, se le une otra no menos dramática: la crisis de un planeta que se retuerce y adolece bajo el yugo de una amenaza que ni las vanas promesas de los líderes mundiales ni, por supuesto, la fallida Cumbre de Copenhague han sido capaces de aliviar. En la actualidad, no queda un solo país en el mundo que no experimente los efectos del cambio climático, que por su carácter paulatino, gradual, apenas suscitan la atención de los medios como sucedería si se tratase de modificaciones drásticas o abruptas. La mayoría pasa inadvertida en los mercados financieros y mucho menos quedan registradas en las oscilaciones del Producto Interior Bruto mundial; pero las sequías, las lluvias ácidas, las inundaciones y las crisis medioambientales están ahí, y no son hechos aislados.




LOS PELIGROS DEL CO2

“En este acertijo constante que implica la vida y la historia, la posibilidad de llegar tarde existe. Podemos rogarle desesperadamente al tiempo que detenga su paso, pero el tiempo es sordo a nuestras súplicas y seguirá su curso. Sobre montañas de blancas osamentas y desperdicios de múltiples civilizaciones se observan las terribles palabras: "Demasiado tarde". Estas palabras, que forman parte de un sermón sobre justicia social pronunciado por Martin Luther King hace más de cuatro décadas, se nos antojan ahora tan actuales como estremecedoras, puestas de manifiesto en los devastadores efectos del cambio climático: lluvia ácida, deshielo, calentamiento global, desaparición de ecosistemas y una minoración cada vez más grave en la salud planetaria global.

Uno de los principales problemas relacionados con el cambio climático es la contaminación derivada de los gases de efecto invernadero, que asola la atmósfera y acelera el calentamiento. Además, el dióxido de carbono ha pasado de ser un mero gas contaminante a convertirse en protagonista de un tráfico que, con la excusa de beneficiar a los países del tercer mundo, legitima –en forma de salida administrativa- a las grandes potencias contaminantes. De este modo, gigantes de la contaminación como Estados Unidos, China o el propio continente europeo pueden gastar toda la cantidad de créditos de carbono permitidos y posteriormente comprar más créditos a los países emergentes que no tienen industria, pero sí bosques y ecosistemas que posteriormente sufrirán las consecuencias del “negocio”.

La tónica imperante en los debates europeos de los últimos tiempos ha sido la posibilidad de imponer un gravamen sobre la contaminación. Sin embargo, hace unos mesesel comisionado de Comercio de la Unión Europea, Karel De Gucht, rechazó la idea de imponer aranceles de carbono sobre importaciones, principalmente de países en desarrollo, advirtiendo que la medida podría generar una guerra comercial. Así pues, lo que a nivel teórico parecía una estrategia óptima, encuentra más de un escollo para ser llevada a la práctica. Hace unos días, Bruselas ha sacado el tema de nuevo a colación y ha reabierto una cuestión que, entre unas cosas y otras, lleva estancada 20 años.El objetivo es introducir en la Unión Europea (UE) un impuesto a las emisiones de dióxido de carbono CO2 de aquellos sectores no incluidos en el sistema de comercio de derechos de emisión como el transporte o la vivienda. Los países nórdicos ya aplican este tipo de tasa en el ámbito nacional y otros como Francia llevan tiempo considerando su introducción, pero Reino Unido, Polonia e Irlanda se han mostrado reacios en repetidas ocasiones a que la fiscalidad sea una cuestión que se decida a escala comunitaria en lugar de nacional.

NUEVO ÍNDICE SOSTENIBLE

Por lo general, en Bruselas se esgrime el argumento- entre los contrarios al gravamen- de que la existencia del impuesto “verde” constituiría una forma de “imperialismo ecológico” y enviaría una señala equivocada a los Estados miembros, amén de desvirtuar la propia esencia de la libertad de comercio dentro de la Unión Europea. Un argumento que dio pie a que, durante años, los gobiernos se decantasen por opciones alternativas como el comercio de derechos de emisión como cauce para aumentar el coste de los productos con un consumo intenso de CO2 sin imponer explícitamente un impuesto.

La creciente preocupación institucional por el carbono y sus altos niveles de contaminación, se ponen de manifiesto en el anuncio llevado a cabo por el FTSE la semana pasada acerca del lanzamiento de una nueva serie de índices, pioneros en su tipo, vinculados con el Cambio Climático. Los nuevos indicadores fueron creados junto al Carbon Disclosure Project e impactarán en más de 500 inversores institucionales. La serie se iniciará con el FTSE CDP Carbono Estrategia All-Share Index y el FTSE 350 CDP Estrategia de carbono. Ambos índices han sido diseñados en respuesta a la creciente toma de conciencia del importante impacto potencial del cambio climático en los rendimientos de las inversiones. Entre sus objetivos, está el lograr la identificación de aquellos sectores de la industria de mayor riesgo donde el carbono tiene un impacto significativo como la aviación, petróleo y gas, minería y energía eléctrica.

09/07/10 para iCNr

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