lunes, 19 de julio de 2010

Integración entre Gobierno Corporativo y Responsabilidad Social, el último eslabón de la empresa transparente

Los efectos de la última crisis económica han ido mucho más allá de la habitual parálisis económica y del consumo que suele acompañar a las situaciones de recesión. En esta ocasión, la quiebra de los grandes gigantes financieros y el derrumbe de las estructuras económicas tradicionales han ido acompañados de una profunda sensación de desesperanza y hastío social, de desconfianza hacia las promesas que afloraban vacías desde los púlpitos, hacia amenazas cada vez más tangibles como la corrupción empresarial, los peligros del cambio climático o los oscurantismos empresariales. La recesión económica ha dado lugar a una “depresión de la confianza” y a la búsqueda incansable de un nuevo modelo económico donde la transparencia, la responsabilidad y los principios éticos se abran paso como adalides de un nuevo escenario más sostenible.
En este orden de cosas, la Responsabilidad Social Corporativa surge como respuesta a la necesidad de las compañías de recuperar, a través de un diálogo fluido y honesto, la confianza de los grupos de interés. Impregnado informes, revistiendo webs corporativas y protagonizando campañas de comunicación, la RSC se encuentra todavía separada, sin embargo, de otro de los grandes hitos en la recuperación de la confianza y el mantenimiento de la reputación de las empresas: el gobierno corporativo. Así pues, en España las cotizadas siguen respondiendo anualmente a las cuestiones de la Comisión Nacional del Mercado de Valores acerca de remuneraciones, consejeros y mecanismos de auditoria y control a la vez que dan a conocer, por separado, su vertiente social y ambiental plasmada en los informes de sostenibilidad o responsabilidad social. Pero el caso es que Responsabilidad Social y Buen Gobierno Corporativo son dos términos estrechamente vinculados que necesitan y deben integrarse como piezas que son del trabajoso puzzle de la nueva empresa responsable.

En cierto modo, la necesidad de integrar la información social y medioambiental con la relativa a gobierno corporativo enlaza con las últimas pautas de la Global Reporting Initiative. El organismo ha apostado recientemente por un único informe, el “Rethink Rebuild Report”, fijando el ambicioso objetivo de que hacia 2020 deberán existir unos estándares que aúnen los indicadores financieros, los sociales  los medioambientales. Para ello, se ha creado el “International Integrated Committee Secretary” que presidirá en el Príncipe de Gales. Por la integración aboga también la consultora KPMG, que ha concluido tras una investigación al respecto que el vínculo entre todas las vertientes empresariales conlleva una mayor valoración por parte de los mercados. El estudio “Información Integrada”, elaborado por la consultora, señala que durante 2008 salmente un 3% de las entidades del Global Fortune 250 presentaron sus informes de manera integrada, una tendencia que va claramente en aumento.

Se llega de este modo, en conclusión, al todavía poco hollado terreno de la “Triple Bottom Line”, herramienta para  la que las dimensiones social, financiera y medioambiental soportan de forma equitativa el peso de la compañía. La primera de ellas promueve la calidad de vida de sus empleados-en su dimensión interna-y contribuye al bienestar del país o la comunidad donde la empresa actúa- en su dimensión externa. La segunda se encarga de maximizar los resultados económicos a largo plazo, y la tercera no solo trata de paliar el impacto de las operaciones y los productos de la empresa en el medioambiente, sino que va más allá para crear valor ambiental  reparando en la medida de lo posible los daños al ambiente causados en el pasado.

Los informes y estudios avalando los méritos de la nueva herramienta proliferan por doquier. Recientemente,  McKinsey Quaterly ha dado a conocer un informe titulado “Valuing social responsibility programs” que muestra cómo algunas compañías están obteniendo beneficios financieros de sus iniciativas responsables. Para ellas, la piedra angular sigue siendo la información, un tesoro difícil de obtener ya que muchos datos son cualitativos y es difícil cuantificarlos . Según John Prestbo, presidente de los Índices Dow Jones, está comprobado que compañías a nivel mundial que se apoyan en las tres “patas” de la nueva herramienta, tienden a tener un perfil más favorable, caracterizado por la mayor utilidad económica y la disminución de los riesgos. Esto es debido a que, según él, la búsqueda de sostenibilidad se vuelve una “buena aproximación para una administración visionaria y disciplinada, y este tipo de administración es precisamente el factor más importante para los inversionistas”.

BUENA GESTIÓN  Y TRANSPARENCIA

Ciertamente, la integración de Responsabilidad Social y Gobierno corporativo ha de ir mucho más allá de las promesas empresariales en pro de una gestión más transparente, de una mayor cantidad de fondos destinados a inversiones sociales o un menor porcentaje de emisiones contaminantes. El vínculo ha de ser real y efectivo, y es precisamente en los informes  o memorias- cauce ideal de comunicación con los stakeholders- donde debería empezar a manifestarse. El problema radica en que hasta la fecha los informes de Gobierno Corporativo se han orientado a los accionistas como público mientras que las cuestiones relativas a la sostenibilidad y la responsabilidad social se dirigían a calmar la desconfianza de los stakeholders como colectivo global constituido por los clientes, empleados, ONGs, proveedores, etc.  Sin embargo, la verdadera transparencia corporativa es la que concede la misma difusión a uno y otro concepto, más allá de las vestiduras “buenistas” que se dejan ver todavía en buena parte de la información “responsable” que se publica de cara a la sociedad.
La importancia de un buen gobierno corporativo comenzó a saltar a la palestra a la raíz de escándalos financieros como los de Worldcom, Parmalat o Enron, provocados por las malas prácticas y la gestión impasible. Desde entonces, ha quedado meridianamente claro es imprescindible controlar y supervisar las actividades de la compañía para equilibrar los intereses externos e internos creando valor a largo plazo. Si para las grandes multinacionales se hace necesario un buen gobierno que reduzca los conflictos derivados de la separación entre propiedad y control de la empresa, mucho más lo es para las pequeñas empresas, cuyo riesgo operativo y costes-tan en entredicho durante los tiempos de vacas flacas- se minimizan gracias a un buen sistema de gobierno corporativo.

El nexo de unión entre Gobierno Corporativo y Responsabilidad Social radica en el conjunto de buenas prácticas de carácter voluntario que constituyen ejemplos de buen gobierno. La propia Comisión Nacional del Mercado de Valores ha aprobado un 'Código de conducta y buen gobierno corporativo' para las empresas que cotizan en bolsa. Muchos observadores consideran que el principal logro del código es haber estrechado el cerco a los abusos de poder de los ejecutivos y accionistas de referencia de las compañías cotizadas. Vocablos de nuevo cuño como la “flexiguridad laboral” jalonan el supuesto impulso de los derechos laborales, pero en realidad el buen gobierno corporativo dista mucho todavía de estar realmente consolidado en las compañías españolas, como da fe el desequilibrio que aún existe en lo que a remuneraciones de altos ejecutivos y empleados se refiere. En este sentido, una reciente edición del Estudio Cisneros elaborado por la Universidad de Alcalá de Henares revelaba que para el 65% de la población activa la principal fuente de tensión y preocupación laboral es "el insuficiente salario que percibe en relación con la función que realiza". Brota así la gran paradoja capitalista de las grandes empresas, el escaso beneficio que obtienen del trabajo el colectivo mayoritario que la sostiene: los propios trabajadores.

19-07-10 para iCNr

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