viernes, 17 de septiembre de 2010

Cambio Climático, la “nueva” preocupación de las entidades financieras responsables

 
Los efectos del cambio climático son cada vez más perjudiciales y dañinos; el fenómeno muestra su cara más oscura en uno de los momentos históricos menos oportunos, con el mundo convaleciendo todavía, frágil, tras los devastadores efectos de la peor recesión a nivel mundial desde el crack de 1929. Y a esta crisis-económica y de confianza- que ha dejado tras de sí un amargo regusto de desazón y apatía, se le une otra no menos dramática: la crisis de un planeta que se retuerce y adolece bajo el yugo de una amenaza que ni las vanas promesas de los líderes mundiales ni, por supuesto, la fallida Cumbre de Copenhague han sido capaces de aliviar. En la actualidad, no queda un solo país en el mundo que no experimente los efectos del cambio climático, que por su carácter paulatino, gradual, apenas suscitan la atención de los medios como sucedería si se tratase de modificaciones drásticas o abruptas. La mayoría pasa inadvertida en los mercados financieros y mucho menos quedan registradas en las oscilaciones del Producto Interior Bruto mundial; pero la realidad está ahí, tangible para el que quiera verla.

No son muchos los actores del sector financiero que han mostrado preocupación por los efectos del cambio climático. Escudadas en su aparentemente escasa contribución al fenómeno, las entidades han pasado de puntillas por encima del problema limitándose a esbozar un par de apuntes someros en sus informes y memorias de sostenibilidad. Contrario a esta tendencia se muestra un reciente estudio de Deutsche Bank que ataca al “escepticismo vigente en materia de cambio climático”. En el documento, la entidad aboga por invertir en la lucha contra el problema climático abogando así por uno de los principales aspectos de la banca ética, la preocupación ambiental. La banca ética representa una nueva concepción del mundo financiero en el que las entidades se basan en criterios negativos o positivos para llevar a cabo su modelo de negocio. Los primeros se abstienen de invertir en actividades o empresas que vulneren los criterios definidos por la entidad. Algunas actividades que habitualmente se excluyen son la producción de armamento, las que llevan implícita la explotación laboral y el trabajo infantil, la destrucción del medio ambiente, la producción de tabaco y de alcohol o el comercio de drogas. A su vez, los bancos éticos que se rigen por criterios positivos financian única y exclusivamente inversiones de alto rendimiento social, con criterios prefijados por la entidad tales como mejoras medioambientales, comercio justo, promoción del entorno social, y similares.

FINANZAS COMPROMETIDAS

El compromiso de Deutsche Bank responde a la tendencia cada vez más arraigada en Europa de involucrar la Responsabilidad Social en el ámbito financiero. En este sentido, destaca como organismo el SAFEA  (Sociedad Europea Finanzas Éticas y Alternativas), un consorcio de instituciones financieras, nacido para dar soporte financiero a los Institutos de crédito éticos y solidarios europeos, actualmente existentes y en vía de creación, y para favorecer su crecimiento y desarrollo. SEFEA financia, además, los proyectos de alcance europeo que se colocan en el ámbito de la promoción de un desarrollo económico y social que valora y protege el patrimonio natural, cultural y humano en todos los Países de la Unión Europea.

También la industria aseguradora ha dado recientemente amplios pasos en materia de compromiso con el medio ambiente. Dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se ha presentado recientemente un proyecto que pretende impulsar al ámbito de los seguros a la implementación de medidas contra el cambio climático. Contrariamente a la tendencia “abúlica” del sector financiero con respecto al problema ambiental por considerar a las entidades poco “peligrosas”, este proyecto parte pretende aprovechar el potencial de las aseguradoras para gestionar riesgos para llegar a desempeñar un papel importante en el apoyo al sector público a la hora dar prioridad a medidas de prevención y lucha. Además, se aboga por el desarrollo de productos que cubran los riesgos emergentes y aumenten la concienciación entre los grupos de interés.

SEGUROS VERDES

En materia de seguros ambientales, puede afirmarse que es este un terreno cada vez más abonado. Concretamente en España, existen actualmente unas 7.000 compañías que
cuentan con un seguro verde. Según la consultora Marsh, esta cifra se duplicará en los próximos años, siendo las compañías del IBEX 35 las que se han apuntado mayormente a esta cobertura, puesto que el 75% tiene ya una póliza de este tipo. Hasta la fecha  las pólizas contratadas son, en su mayoría, de responsabilidad civil por contaminación y no de competencia ecológica, tal y como obligará la legislación. Esta cobertura abarca tres segmentos de riesgo para los seguros: sencillo, medio y grave, y costará a las empresas españolas unos 50 millones de euros a futuro.

Este tipo de seguro ecológico no es el único que ha ocupado durante los últimos tiempos el quehacer de las compañías. A nivel privado, la aseguradora británica Co-operative Insurance Society (CIS) ha lanzado un seguro que ofrece a sus clientes compensar el CO2 que emitan sus vehículos mediante el soporte y apoyo de proyectos ambientales. En este caso, la empresa cede una parte de su ingreso (unos 60 dólares anuales por cada póliza) a proyectos de reforestación y desarrollo de energías ‘verdes’ en Asia y África, dirigidos por Climate Care, una organización en lucha contra el cambio climático.

Por lo demás, algunas de las principales aseguradoras ahondan ya seriamente en materia medioambiental Destaca el caso de Mapfre que ha suscrito la declaración de Kyoto de la Asociación de Ginebra, que establece compromisos de Impulso a la Investigación destinada a la evaluación y gestión de los riesgos relacionados con el clima, al desarrollo de productos que incentiven la compensación o la reducción de los niveles de emisión de gases de efecto invernadero, y al desarrollo de proyectos de energía de bajas emisiones; a mejorar la información a los clientes acerca de sus niveles de riesgo relacionado con el clima, de las estrategias de mitigación y adaptación y de los beneficios financieros que éstas suponen; y a reducir la “huella de carbono” de la propia industria aseguradora.

17-09-10 para iCNr

No hay comentarios: