martes, 7 de septiembre de 2010

Gestión de residuos, un paso más en la búsqueda de la ecoeficiencia

No puede negarse que la creciente preocupación por el medio ambiente está influenciando y condicionando en gran medida los procesos de tomas de decisiones de un sector, el industrial,  que genera contaminantes específicos que pueden perjudicar la calidad del aire, del agua y de los suelos: hidrocarburos y metales pesados en el caso de la petroquímica y la siderurgia, nitrógeno y fósforo en el caso de las actividades agrícolas y disolventes y colorantes procedentes de la industria textil. Las preocupaciones medioambientales comenzaron a abrirse un amplio hueco en la agenda internacional a raíz de la conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo Humano que tuvo lugar en Estocolmo en 1972.
 
Varios desastres de envergadura internacional como el vertido de crudo del petrolero Torrey Canyon y una serie de publicaciones de hondo calado social -como “Silent Spring” de Rachel Carson- pusieron las simientes para una preocupación mundial que se ha ido incrementando con el paso de los años. En la Conferencia de Estocolmo de Naciones Unidas se creó también el PNUMA (UNEP), Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuya función esencial es orientar y actuar como instrumento catalizador de programas de cooperación internacional en materia de protección ambiental.

Un paso más allá está en la búsqueda de ecoeficiencia, término por el que se entiende “la distribución de bienes y servicios, a precios competitivos, que satisfacen las necesidades humanas y mejoran la calidad de vida al tiempo que reducen los impactos ecológicos y la intensidad de recursos a lo largo de su ciclo de vida a un nivel al menos igual a la capacidad de carga estimada del planeta”, según la definición acuñada por el Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sostenible. La buena gestión de los residuos industriales entra de lleno en esta definición.

En el ámbito europeo, desde la década de los ochenta se ha ido incrementando y aumentando en importancia la política de la Unión Europea sobre protección del medio ambiente y el tratamiento coherente de los residuos. Entre los Estados miembros se generan aproximadamente unos 2.000 millones de toneladas de residuos, de los cuales unos 40 millones están considerados como peligrosos. En este sentido, en la Unión Europea está vigente la Directiva 2006/16/CE que dispone que los Estados miembros deben velar por que los residuos peligrosos sean identificados e inventariados y no se mezclen ni entre ellos ni con residuos no peligrosos, a menos que se hayan tomado las medidas necesarias para salvaguardar la salud pública y el medio ambiente.

NORMATIVA EN REVISIÓN

La Directiva establece también que los establecimientos o empresas que efectúen operaciones de eliminación o de recuperación de residuos peligrosos, así como los productores de éstos, queden sujetos a controles periódicos que atiendan especialmente al origen y el destino de los residuos. Los transportistas, los productores y los establecimientos y empresas deben llevar un registro de sus actividades y transmitirlo a las autoridades competentes que haya designado cada Estado. Cabe recordar que la vigencia de este texto normativo es transitorio, la actual Directiva quedará derogada por la Directiva 2008/98/CE a partir del 12 de diciembre de 2010.

En el caso de España, ha saltado recientemente a la palestra la preocupación de varios agentes sociales en relación al proyecto de nueva Ley de Residuos llevada a cabo por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino y cuyo periodo de revisión finaliza este mes. Organizaciones como ), la Fundación para la Prevención de Residuos y Consumo, Ecologistas en Acción, el Centro de Ecología y Proyectos Alternativos y Amigos de la Tierra, han asegurado que la nueva ley debe encaminar a España hacia la sociedad del reciclaje, con una mínima generación e impacto de sus residuos, o por el contrario, puede seguir fomentando la insostenible sociedad actual del "usar y tirar", Las organizaciones consideran que el borrador actual no fomenta la reducción de residuos y no aporta medidas alternativas para los actuales sistemas de gestión. De acuerdo con la Directiva Marco de residuos, la reducción debería ser el elemento más importante de la ley, y en el que se basaran el resto de medidas. Por este motivo las citadas organizaciones  solicitan objetivos ambiciosos de reducción y reutilización (3% anual de reducción y 5% de reutilización para lograr el 30% de reducción y el 50% de reutilización en el año 2020).

LA INDUSTRIA QUIMICA EN EL PUNTO DE MIRA

En este orden de cosas, cabe mencionarse un estudio del ingeniero bilbaíno Luis Ángel García presentado el mes pasado y que, en referencia a la gestión de residuos en la industria química, vaticina que el reciclaje liderará el sector durante el siglo XXI. El documento afirma que el sector se verá copado por las compañías de reutilización de plásticos y neumáticos y triunfará la apuesta por los métodos ecológicamente sostenibles.

Ciertamente, el tema de la gestión de residuos en la industria química ha adquirido gran relevancia en los últimos tiempos. Cabe destacar el Foro de Productos Químicos con sede en Helsinki que parte de un proyecto financiado y administrado de modo conjunto por la UE y la Comisión Europea y tiene previsto reunirse cada año con el afán de que sus conferencias anuales se conviertan en hitos del desarrollo sostenible asociado a la fabricación y el uso de productos químicos y la buena gestión de los residuos derivados de los mismos. Y es que la industria química con su inmensa variedad de procedimientos y aplicaciones, abarca temas tan polémicos como la experimentación con animales- regulada en la actualidad por la Normativa Reach- o la polución y los vertidos tóxicos.

Entre las industrias químicas más conflictivas se sitúa, sin duda, la del cloro. Las sustancias cloradas se utilizan en sectores tan dispares como el de los disolventes, los plaguicidas, la papelería o el tan traído y llevado PVC. La contaminación a través de mercurio, dioxinas o hexaclorobenceno es su principal consecuencia. La industria papelera es otro sector sobre el que, nunca mejor dicho, han corrido ríos de tinta. Desde las papeleras no es raro que se emitan al medio ambiente compuestos tóxicos como las dioxinas que provocan graves episodios de contaminación.

En la industria textil se utilizan también multitud de sustancias químicas tóxicas que podrían afectar a la salud de los trabajadores o contaminar las aguas de vertido de las factorías. Entre estas sustancias se pueden citar los alcoholes y alquilfenoles etoxilados de los detergentes con los que se limpia la lana o el uso del cancerígeno disolvente tricloroetileno. Para poder hilar mecánicamente se lubrica con aceites minerales, que pueden ser fuente de hidrocarburos aromáticos policíclicos. Para almacenar los hilos y que se conserven bien, suelen emplearse bactericidas y funguicidas. Para que luego, en los telares, no se rompan los hilos se usan colas químicas que de nuevo pueden ser portadores de sustancias conflictivas.

Por otra parte, no hay que olvidar que no solo los residuos de las grandes industrias , aunque estos sean más aparatosos, representan un problema. Los basureros urbanos, plagados de pilas con mercurio o cadmio son también un potencial campo de minas.Así pues, corresponde al sector industrial y a la nueva normativa demostrar que la química puede formar parte de la vida cotidiana y que es posible paliar e incluso evitar sus efectos adversos mediante sencillas actuaciones, como considerar las necesidades energéticas en relación a sus impactos ambientales, utilizar materias de partida renovables y no extinguibles y el desarrollo de analíticas que permitan un monitoreo a tiempo real durante el proceso y el control previo a la formación de substancias peligrosas.

Para iCNr 05-09-10

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