viernes, 3 de septiembre de 2010

La corrupción empresarial, una plaga que necesita de nuevos revulsivos para desaparecer

Ardua de conseguir, delicada de mantener, muy fácil de descarrilar; la reputación es la eterna piedra filosofal de las compañías que tratan de sobrevivir en el turbulento escenario corporativo de los tiempos modernos. Ya lo era cuando la búsqueda de beneficios parecía legitimar todo tipo de desmanes y el “business for business” de Milton Friedman se asumía como carta maestra para todo gurú empresarial que se preciase. Y lo sigue siendo, por supuesto, en el actual periodo de profunda crisis de valores y tenaz desconfianza social. La reputación corporativa influye sobre la capacidad de supervivencia de las empresas en un mercado cada vez más implacable, y no han sido pocas las compañías que han presenciado una radical minoración de sus ingresos y una abrupta desmejora de sus negocios tras conocer la opinión pública prácticas como la explotación de mano de obra infantil o el deterioro del medio ambiente u otras malas prácticas más o menos sibilinas. Las corruptelas son los grandes verdugos de la reputación empresarial y son muy pocas las empresas que consiguen recuperarse tras un varapalo en su visibilidad social. Entre las pocas afortunadas que lo han conseguido, cabe mencionar el caso de Adidas -denostada junto con Nike con la publicación en 2003 del informe “We are not machines” de un grupo de trabajo internacional de organizaciones pro derechos humanos, en que se reprochaba a ambas compañías las pésimas condiciones laborales de sus trabajadores en comunidades emergentes- que ha dado una vuelta de tuerca a su política de proveedores anunciando  recientemente que durante el pasado año dejó de trabajar con nueve de sus proveedores que no cumplieron con los requerimientos sociales y ambientales.

Ciertamente, y a pesar de los recientes afanes en pro de la transparencia, a pesar de la “moda” de los informes de Responsabilidad Social, la corrupción sigue siendo una lacra muy difícil de erradicar. Las malas prácticas- ya voluntarias, ya fruto de la desidia- que tantos dolores de cabeza han provocado a gigantes empresariales de la talla de Enron o Merrill Lynch se muestran reacias a abandonar los pasillos de las corporaciones por donde otrora campaban a sus anchas, a pesar de que sus costes económicos son altísimos y de que socavan unos de los cimientos de cualquier economía que se precie: la confianza de los grupos de interés. No han sido escasos los esfuerzos gubernamentales e institucionales que hasta la fecha se han orientado a paliar las corruptelas. Ya en 1999, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) penaba la corrupción y el Pacto Global de Naciones Unidas la oficializaba como “tema” a vigilar en la empresa privada en 2004, agregando la lucha contra las malas prácticas como principio número diez de su Código de Responsabilidad Empresarial.  Sin embargo, han de ser la férrea supervisión por parte de las compañías, la aplicación de los principios de la RSC, la transparencia y la comunicación veraz con los stakeholders los principales baremos anti-corrupción.

DIRECTRICES A REVISIÓN

La propia OCDE ha tenido que admitir recientemente- a través del informe de OCDE Watch “ 10 años después” que las directrices del organismo no son capaces de prevenir o impedir  las conductas empresariales irresponsables. Son factores tales como la falta de voluntad política, la ausencia de potestad sancionadora y la falta de aplicación coherente de las normas los que restan valor potencial a las directrices del organismo.

Lo cierto es que, tras la monitorización realizada por la OCDE Watch acerca de la aplicación de las directrices durante la última década se han encontrado corruptelas tales como daños ambientales y violaciones de los derechos humanos en los países en desarrollo. Estas violaciones a menudo ocurren dentro de la oferta y las cadenas de valor de grandes empresas multinacionales.  En este sentido, en la actualidad la legislación relativa a la sostenibilidad en la cadena de suministros bebe del principio de la responsabilidad del productor. Existe por una parte el sistema integrado de gestión, que implica que los productores trasladen la responsabilidad jurídica a un tercero, y por otra parte el sistema de responsabilidad delegada, que conlleva que no se traslade a terceros la responsabilidad, ya que al fabricante la retiene.  Sin embargo, las empresas continúan teniendo una visibilidad parcial, sesgada, de todo lo que tiene lugar en su cadena de suministro; un grave problema que conviene solventar. Una cadena de proveedores realmente responsable requiere una mayor conectividad, colaboración e integración de procesos de red de “partners” para mejorar la visibilidad. Entre las mejores prácticas que las empresas están llevando a cabo para mejorar su visibilidad, destaca la planificación con proveedores, el reaprovisionamiento continuo con clientes o la información electrónica compartida en tiempo real.

Entre las pautas a revisar por la OCDE se pide que las empresas adopten una política clara y visible contra la corrupción y el soborno que esté firmemente apoyada por la alta dirección, así como inculcar un sentido de responsabilidad para el cumplimiento de estas políticas en todos los niveles de la empresa. Además, se solicita que haya una política de formación y comunicación en materia de soborno y corrupción para todos los empleados que componen las empresas, así como para sus proveedores.

NUEVAS PAUTAS

Las labores de control y observancia de las malas prácticas han de ser imparables. Bernardo Klinsberg, autor junto con el nobel Amartya Sen del libro “Primero la gente”, asegura que son también necesarias “vigorosas políticas de reforma y fortalecimiento del poder judicial, apoyo a la profesionalización de las instituciones policiales vinculadas con la investigación de estos delitos, establecimiento de instituciones reguladoras sólidas y dotadas de capacidad técnica efectiva, gestión activa para la recuperación de activos en el exterior.”



Así pues, la lucha contra la corrupción precisa de nuevas armas para llegar a buen puerto y ha de ser abordada desde múltiples frentes: el marco legal y los códigos de conducta de voluntaria asunción por parte de las compañías. Un paso hacia adelante es la acción voluntaria y conjunta de las empresas, creando así un marco internacional y acuerdos capaces de regular la acción de cada empresa, facilitando la identificación de situaciones de corrupción, proporcionando herramientas para combatirlas y, sobre todo, fortaleciendo a las empresas para que, de manera conjunta, puedan eliminar la corrupción dentro del sector privado, según aseguran los autores del documento.

Finalmente, es obvio que las directrices y pautas de los organismos internacionales, para tener éxito, precisan de una implicación firme y coherente por parte de las compañías. En este sentido, la Global Reporting Initiative (GRI) movida por el ambicioso objetivo de que hacia 2020 deberán existir unos estándares que aúnen los indicadores financieros, los sociales  los medioambientales ha creado el “International Integrated Committee Secretary” y ha apostado por un único informe integrado, el  “Rethink Rebuild Report”. También recientemente McKinsey Quaterly ha dado a conocer un informe titulado “Valuing social responsibility programs” que muestra cómo algunas compañías están obteniendo beneficios financieros de sus iniciativas responsables. Para ellas, la piedra angular sigue siendo la información, un tesoro difícil de obtener ya que muchos datos son cualitativos y es difícil cuantificarlos . Según John Prestbo, presidente de los Índices Dow Jones, está comprobado que compañías a nivel mundial que se apoyan en las tres “patas” de la Triple Bottom Line, tienden a tener un perfil más favorable, caracterizado por la mayor utilidad económica y la disminución de los riesgos. Esto es debido a que, según él, la búsqueda de sostenibilidad se vuelve una “buena aproximación para una administración visionaria y disciplinada, y este tipo de administración es precisamente el factor más importante para los inversionistas”.

Para iCNr 03-09-10

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