miércoles, 15 de septiembre de 2010

La importancia de los negocios inclusivos como clave de la economía sostenible


Volver a los orígenes y apostar por la construcción de nuevos cimientos, orientar la mirada a las raíces en lugar de dejarla vagar por las ramas de la voracidad y el oscurantismo. A pesar de su comportamiento implacable y centrado en el cortoplacismo, se ha demostrado que el sector privado es capaz de contribuir significativamente a mejorar el desarrollo de los estratos más desfavorecidos del planeta, ayudándose de estrategias empresariales que aboguen por la sostenibilidad y el crecimiento a largo plazo.

A su vez, hay cada vez más demandas internacionales para que las empresas sean más transparentes y más responsables para el desarrollo económico, social y medioambiental en los países en que operan.  El desarrollo de los llamados “negocios inclusivos” ocupa un lugar preeminente desde hace algún tiempo en la lista de tareas a llevar a cabo en pro del desarrollo sostenible.

En este sentido, el Consejo Mundial para el Desarrollo Sostenible ( WBCSD) ha puesto en marcha "El desafío de los Negocios Inclusivos", una herramienta de simulación para ayudar a las empresas e identificar a sus grupos de interés y establecer un modelo rentable para dirigirse a poblaciones de bajos ingresos y desarrollar productos y servicios que satisfagan las necesidades de éstos. Se trata de una herramienta que incluye ejemplos de buenas prácticas y apunta la manera de integrar los negocios inclusivos en la estrategia de las compañías. Un aspecto clave de la misma está en la actividad de simulación que está diseñada para ser utilizada en un taller interactivo para identificar riesgos y oportunidades en la construcción de este tipo de negocios.

LA FUERZA DE LA BASE

Cuando hablamos de negocios inclusivos, adquiere gran relevancia la conocida como  “Base de la Pirámide”-que engloba  a casi dos tercios de la humanidad que no giran al ritmo de la enorme rueda del sistema económico mundial- que aborda negocios  transformadores de desarrollo social y económico que reúnen características comunes, tales como el estar basadas en modelos de negocio que crean valor para la empresa y la comunidad, contemplar los elementos de la Triple Bottom Line (impacto social, económico y medioambiental de la actividad empresarial) y tener potencial a gran escala para conseguir un impacto transformador sobre la sociedad y generar beneficios económicos.

Es necesario integrar la Responsabilidad Social de forma coherente en los países en desarrollo, y para ello se debe aligera la carga de prejuicios asociados al rol de la empresa en la sociedad. La visión narcisista de muchas empresas, que abogan por el 'buenismo' como moneda de cambio con las sociedades emergentes, es la principal barrera, junto con la maximización del beneficio económico y el acogimiento al  lema “business is business” que, si bien paliado en los estados de origen, parece recobrar toda su fuerza en las filiales de ultramar. Mientras que en las sociedades desarrolladas las empresas han de responder frente a un buen número de interesados (accionistas, clientes, empleados, consumidores…), en los países en desarrollo la red de 'stakeholders' se relaja sobremanera, creando un vacío a la hora de pedir responsabilidades. Es esta, por lo tanto, la primera laguna que hay que rellenar antes de asentar unas buenas bases para el desarrollo de los negocios inclusivos. Porter y Kramer, autores de “Estrategia y sociedad” describen la importancia de estas presiones: «Muchas compañías despertaron a la Responsabilidad Corporativa después de ser sorprendidas por respuestas públicas a cuestiones que no consideraban previamente que fueran parte de sus responsabilidades empresariales. Los laboratorios han descubierto que se espera que respondan a la epidemia de SIDA en África aunque esté lejos de sus mercados y líneas de producción primarias. Actualmente se está haciendo responsables a las empresas de comida rápida por la obesidad y la mala nutrición».

UN NUEVO CAMINO

Y  es que no son pocos ni baladíes los escollos que han de salvarse en este terreno y parece difícil y lejano el objetivo de conseguir un nivel de vida global  que sea económicamente sostenible a la vez que no daña la biodiversidad biológica, el clima o los ecosistemas. A este respecto, el  propio Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible  ha dado también a conocer una investigación ‘Visión 2050’, que analiza el “sendero” que deberá marcar las directrices para conseguir que una población global de aproximadamente 9.000 millones de personas alcancen el bienestar dentro de los límites de recursos del planeta de cara a 2050. El documento pretende ser manual de ‘deberes’ (must have) sobre las medidas a tomar durante la próxima década para alcanzar una sociedad planetaria lo más sostenible posible.  Entre las tareas propuestas se incluye la puesta en marcha de los mercados de servicios de ecosistema y agua, el redoblamiento de la producción agrícola sin el aumento de la cantidad de tierra o agua utilizada; la reducción de la deforestación o el aumento de bosques plantados, reduciendo a la mitad las emisiones de carbono en todo el mundo.

También el Laboratorio Base de la Pirámide ha presentado  con el apoyo y colaboración de la Cátedra Mango de RSC de ESCI-UPF, el informe “Desarrollo de negocios en los países de bajos ingresos – Crecimiento empresarial y creación de valor social” que pretende presentar un novedoso Marco para la Evaluación de Impacto de Negocios Inclusivos (MEINI), una metodología que permite evaluar la integración de los miembros de la base de la pirámide en la cadena de valor del negocio, tratando así de dar lugar a modelos de negocio inclusivos y capaces de generar retornos económicos y sociales.

En el informe se analizan algunos casos prácticos, como las experiencias llevadas a cabo por Unilever Brasil, BSH o la Fundación Microfinanzas BBVA.  La primera de ellas destaca por haber impulsado la creación del programa Rural Responsable para mejorar las prácticas y condiciones laborales de los trabajadores rurales de la región de Goias, en Brasil, ayudando a la promoción de las prácticas agrícolas sostenibles. A su vez, la empresa BSH ha diseñado la estufa Protos, que mediante el uso de aceites vegetales reemplaza los sistemas de cocción en las chimeneas de carbón, mejorando así la calidad del aire.Por último, el grupo BBVA creó en 2007 la Fundación Microfinanzas BBVA. En julio de 2009, la Fundación Microfinanzas BBVA tenía 421.298 clientes en América Latina y una cartera de créditos concedidos por valor de 340 millones de dólares. En resumen, la Fundación ha demostrado ser capaz de ejercer un liderazgo mundial en ofrecer facilidades de acceso al crédito para familias de renta baja. Esta puesta ejemplifica cómo una institución con un objetivo y misión sociales actúa de forma orientada al negocio, pensando en la sostenibilidad y escalabilidad de sus operaciones, con un alto impacto en la generación de valor social.

Para iCNr 15-09-10

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