martes, 5 de octubre de 2010

Capitalismo responsable, la contradicción que quiere dejar de serlo

Durante décadas, las cifras puras y duras han ejercido su hegemonía, dueñas y señoras de un trono que valoraba por encima de todo la consecución de beneficios y  de liquidez. Tradicionalmente, la viabilidad de los proyectos empresariales ha sido juzgada según las cifras ofrecidas por los ROI (return on investment) obtenidos tras el cuadre de las cuentas de resultados, supeditando las decisiones estratégicas -plagadas de sutilezas, pródigas en retruécanos- a la simplicidad de una fórmula puramente matemática. Ha tenido que irrumpir la peor crisis económica desde el crack de 1929 para que el panorama empresarial asuma la utilidad de un “return on investment” completamente diferente: el retorno de la inversión social o, lo que es lo mismo, la visión pragmática de la Responsabilidad Social Corporativa.

La concepción de una “realidad financiera ética”, desde sus tímidos esbozos desde entidades como la ASN Bank Holandesa, el banco GLS Gemeinschaftsbank o la italiana Banca Popolare ha tenido que recorrer mucho camino, desligándose de su inicial situación de nicho, para acabar consolidándose como una nueva oportunidad rentable a largo plazo. El auge de la Inversión Socialmente Responsable es por tanto notorio en los últimos tiempos, manifestado en publicaciones institucionales como el muy reciente informe de Eurosif que examina el desarrollo sostenible de las estrategias de inversión de los “grandes inversores” europeos durante los últimos tiempos. Se trata de un ingrediente más del conocido como “capitalismo responsable”, más justo, filtrado en novedosas cribas como la preocupación por el fenómeno de la corrupción o la rendición de cuentas (“accountability”).

ISR EN EL PUNTO DE MIRA

Sobre la ISR se ha pronunciado también recientemente el Comité Económico y Social Europeo (CESE) a través de un dictamen en el que se apuesta por una mayor regularización de la ISR, tratando de incorporar una mayor transparencia y un continuo proceso de evaluación. Además, dos académicos de la Universidad de Oxford criticaban el pasado mes de junio el “extremo privilegio de la ética en detrimento de la eficacia de las inversiones” por parte del Fondo Global de Pensiones del Gobierno Noruego.

Para los académicos Gordon Clark y Monk Ashby, el posicionamiento ético del Fondo podría ser contraproducente para alcanzar la “plena eficacia” de las inversiones. Y es que, en este sentido, la ISR no deja de tener sus detractores.. Un estudio de expertos financieros de Wharton aduce que, por las características de los productos en cuestión, los inversores responsables pierden una media de 3,5 puntos porcentuales en rendimientos de cada año con respecto a aquellos que invierten en fondos tradicionales. Además, paradójicamente, a  medida que los criterios de los inversores para elegir los fondos se vuelven más estrictos, aumenta la probabilidad de que los fondos con mejores resultados sean los no socialmente responsables. Así pues, probablemente los inversores que apuestan por la gestión activa y quieran centrarse en un segmento concreto, como los fondos de acciones de pequeño valor, sacrifiquen demasiada parte de sus resultados limitándose tan sólo a los fondos socialmente responsables. Por otra parte, independientemente de los aspectos sociales, los fondos socialmente responsables suelen tener costes ligeramente superiores debido al esfuerzo adicional necesario para evaluar que las inversiones sean socialmente responsables.

En el panorama europeo, la Inversión Socialmente Responsable representa una de las áreas de mayor crecimiento en los últimos años. Según datos del Foro Europeo de Inversión Sostenible (Eurosif), sólo en Europa la ISR ha crecido un 46% al año durante el último ciclo expansivo, y en ese mercado representa ya casi un 18% de los activos gestionados, lo que revela que la ISR está abandonando ya su estatus de nicho de mercado para tratar de convertirse en una práctica de alcance general. En cambio en España, el desarrollo ha experimentado una evidente desviación con respecto a la tendencia europea, puesto que tiene un mercado infradesarrollado que todavía no ha alcanzado el 1% de la inversión total, según Eurosif. Esta situación se da aún tras la firma de los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas y la creación de Spainsif.

CAPITALISMO RESPONSABLE

Más allá del fenómeno concreto de la ISR, el capitalismo responsable ha ido canalizándose a través de diversos hitos. Para expertos como Jane Nelson de la Kennedy School of Harvard priman fenómenos como el abandono del concepto de filantropía, el reemplazo del modelo de comunicación unidireccional con los stakeholders con un modelo más interactivo y bidireccional, o el desarrollo del concepto de Responsabilidad Social mucho más allá del mero cumplimiento de las normas legales.

Además, y a raíz de las nuevas necesidades, la integración entre Responsabilidad Social y Gobierno Corporativo se ha convertido en uno de los grandes retos para las compañías. El vínculo ha de ser efectivo y real, alejado de las antiguas prácticas de barniz responsable. La información transparente y veraz se convierte, también en este aspecto, en la mejor vara de medición del nuevo fenómeno; y en respuesta a ello los reportes se reinventan, se actualizan e incluso se fusionan para lograr la unificación entre información de Gobierno Corporativo e información sobre Responsabilidad Social. Sin embargo, el problema radica en que hasta la fecha los informes de Gobierno Corporativo se han orientado a los accionistas como público mientras que las cuestiones relativas a la sostenibilidad y la responsabilidad social se dirigían a calmar la desconfianza de los stakeholders como colectivo global constituido por los clientes, empleados, ONGs, proveedores, etc.  En conclusión, la verdadera transparencia corporativa es la que concede la misma difusión a uno y otro concepto, más allá de las anticuadas vestiduras “buenistas”.

5-10-10 para iCNr

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