jueves, 17 de febrero de 2011

Té en el Blue Boar

James, el camarero, les llevó lo que habían pedido: bollos recién hechos y una tetera humeante cuya espita siseaba todavía. Las dos ancianas tenían un porte distinguido, casi señorial, y él pensó que serían hermanas: idénticas mantillas de suave lana verde, idénticos vestidos victorianos. Había poca gente en el "Blue Boar" y el camarero no pudo evitar escuchar la conversación entre las dos.

-No olvides tus pastillas, querida-la anciana bajita de ojos azules tendió a su compañera una caja lacrada.

-Gracias, Jane. Verás, tengo que decirte algo. No puedes quedarte más tiempo conmigo.

-Lamento oir eso, querida. Llevamos muchos años juntas.

-Lo sé, pero debes entenderlo. El pequeño detective belga ha tenido tanto éxito que debo centrarme en él. Tú debes desaparecer.

-¿Y cómo lo harás?¿Algo muy sangriento?

-Nunca sería violenta contigo, Jane. Será fácil, ya lo verás. Tengo un veneno muy bueno y muy rápido.

-Lo sé, querida-Jane sonrió-. Lo descubrí anoche entre tus cosas. Por cierto, ¿no notas que tu pastillas tienen hoy un sabor extraño?.

Aterrorizada, la amiga de Jane se llevó las manos al rostro congestionado, cada vez más rojo. Comenzó a toser y a ahogarse. El camarero se acercó alarmado.

-Mi amiga se encuentra mal-le informó tranquilamente la otra-. Por cierto, me llamo Marple, Jane Marple.

Y fue entonces cuando James reconoció en la muerta a la célebre escritora Agatha Christie

Dos sillas


No era un fantasma quien surgió entre la niebla pero esa noche ella lo parecía, asustada y pálida como un cadáver. Le hablé en voz baja unos minutos.

Sloat me abrió la taberna y subí directamente al segundo piso. Estaba donde le había indicado, sentada en la habitación iluminada de la casa de enfrente. Podía verme a través del ventanal tal como yo la veía a ella, ambos sentados en una silla, vigilantes

Sloat me había ayudado. Había sido fácil asustarla con un par de anónimos. No había tardado en venir llorando a la comisaría.

Cogí mi Colt. No había planeado convertirme en el asesino de mi hermana, pero necesitaba heredar la taberna después del lío en el que estaba metido. Enfrente, ella se movió. No vi el arma pero sentí la bala que atravesaba las dos ventanas para alojarse en mi cuello. Mi último pensamiento fue para el maldito Sloat, el nuevo dueño de la taberna.

miércoles, 2 de febrero de 2011

O Top 10 da narrativa galega 2010 segundo Ramón Nicolás

  1.  Periferia, de Iolanda Zúñiga. Premio Xerais 2010. Poderoso mergullo, heterodoxo e escasamente convencional, no universo das favelas paulistas, metáfora do propio mundo.
  2. O pintor do sombreiro de malvas, de Marcos Calveiro. Premio Lazarillo 2009. Unha documentada, intensa e moi solvente novela sobre os últimos pasos de Vicent Van Gogh.
  3.  O segredo de Marco Polo, de Francisco Castro. O retorno á Venecia das viaxes e descubertas asombrosas da man dun personaxe histórico revisitado con acerto.
  4. Todo é silencio, de Manuel Rivas. Novela-metáfora de intensas resonancias onde o narcotráfico é só un apoio para afondar nas tiranías exercidas desde o poder.
  5. Asasinato no Consello Nacional, de Diego Ameixeiras. Novo detective, atractivo argumento e outro éxito deste habilidoso e efectivo autor de novela negra.
  6. Obediencia, de Antón Lopo. Premio García Barros 2010. “Algo máis na ficción científica”, así titulei unha crítica e coido que aí se concentra a vontade renovadora e orixinal do autor.
  7. Futuro imperfecto, de Xulia Alonso. Unha das sorpresas da tempada: un percorrido autobiográfico conmovedor polas estremas da vida e da morte.
  8. Cabalo de ouros, de Víctor F. Freixanes. O retorno devecido dun narrador que non defraudou, mesmo superando esixentes expectativas.
  9. O coitelo en novembro, de Marilar Aleixandre. Unha proposta narrativa suturada con moito enxeño, exhibindo un amplo abano de recursos para afondar nas incógnitas da propia condición humana.
  10. Un último destino, de Xosé C. Caneiro. O retorno ao espazo da vella Dalmara, poboada singularmente por eses personaxes melancólicos nun coidado exercicio de estilo. 
Vía, Caderno da Crítica

Agatha & Parque