jueves, 17 de febrero de 2011

Dos sillas


No era un fantasma quien surgió entre la niebla pero esa noche ella lo parecía, asustada y pálida como un cadáver. Le hablé en voz baja unos minutos.

Sloat me abrió la taberna y subí directamente al segundo piso. Estaba donde le había indicado, sentada en la habitación iluminada de la casa de enfrente. Podía verme a través del ventanal tal como yo la veía a ella, ambos sentados en una silla, vigilantes

Sloat me había ayudado. Había sido fácil asustarla con un par de anónimos. No había tardado en venir llorando a la comisaría.

Cogí mi Colt. No había planeado convertirme en el asesino de mi hermana, pero necesitaba heredar la taberna después del lío en el que estaba metido. Enfrente, ella se movió. No vi el arma pero sentí la bala que atravesaba las dos ventanas para alojarse en mi cuello. Mi último pensamiento fue para el maldito Sloat, el nuevo dueño de la taberna.

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