miércoles, 11 de noviembre de 2009

Financiación escasa y con cuentagotas, la gran cortapisa de la innovación ecológica en Europa


Enarbola como principal objetivo el satisfacer las necesidades del presente y a la vez innovar sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Una ardua tarea que ha involucrado a la eco-innovación o “innovación verde” en una encarnizada lucha de titanes por alcanzar una identidad propia en el panorama económico global y librarse de la pertenencia al nicho al cual el modelo capitalista tradicional la había reducido. Y a pesar de que la preocupación por el cambio climático cada vez más arraigada en la sociedad la ha colocado en el punto de mira, todavía queda mucha tela que cortar para que la eco-innovación alcance un nivel adecuado de desarrollo y aceptación. Así, las empresas europeas están teniendo grandes dificultades para conseguir préstamos bancarios para proyectos de eco-innovación, créditos que son sistemáticamente rechazados al no congeniar con los obsoletos estándares que aplican las entidades para conceder o no la financiación. El panorama, desalentador justamente en el año europeo de la creatividad y la innovación, invita a la reflexión y al cambio; y la Oficina Europea de Patentes (OEP) ha emprendido un estudio -que verá la luz en 2010- del mapa europeo de la eco-innovación, con el fin de promocionar su “normalización” en el panorama económico europeo y promocionar el registro de patentes “ecológicas”.

Las primeras definiciones de la eco-innovación, de la mano de Fussler y James, aluden a aquellos nuevos productos y procesos que proveen al cliente y a la empresa valor añadido a la vez que reducen de forma significativa los impactos medio-ambientales. Definiciones posteriores y más complejas tratan ya de alcanzar la eficiencia de los recursos y productos fruto de la innovación.El concepto tal como lo conocemos hoy en día se gestó al calor de las Teorías de la Economía Medioambiental y de la Innovación. Se dejaron a la vista de todos los hasta entonces bien disimulados límites de los tradicionales modelos productivos y de consumo, y el informe Stern puso la guinda en el pastel al subrayar la necesidad de incorporar los costes externos del impacto medioambiental en las cuentas de las compañías y, más aún, de ser conscientes de las posibles limitaciones que los recursos naturales presentan para su explotación como materia prima y energética de nuestro sistema.

LA BÚSQUEDA INFRUCTUOSA DE FINANCIACIÓN

Según un estudio realizado la primavera pasada por el Gobierno británico, el valor del mercado a nivel mundial alcanzado por la suma de los sectores relativos al medio ambiente, a las energías renovables y las llamadas tecnologías bajas en carbono ascendía a alrededor de 3.000 billones de libras esterlinas (3.430 billones de euros) en el período 2007-2008. Merece ser destacado el caso del sector de las energías renovables, tanto en Europa como en Estados Unidos, ya que es considerado cada vez más como un baluarte para la generación empleo y competitividad. De hecho, se prevé que genere para 2020 en Europa unos dos millones de empleos, una cifra algo menor a la estimada para EE UU en las mismas fechas. Hoy en día se considera imprescindible la necesidad de generar transiciones hacia modelos económicos más sostenibles, pero la certeza teórica está todavía muy alejada de la aplicación práctica, que sigue encontrándose con trabas y obstáculos en ocasiones difícilmente insalvables.

El primer muro –y el que hay que derribar con más urgencia- de los muchos que se encuentran en su camino los eco-emprendedores está construido con las piedras de la incomprensión y la cerrazón de las entidades bancarias que les impiden acceder al capital riesgo y les obligan a recurrir a consultores que a su vez se cobrarán una parte del pastel, desalentando por completo la eco-innovación. Así pues, de poco vale que los líderes e instituciones mundiales aseguren tener sus esperanzas depositadas en la innovación ecológica como la mejor solución para matar de un solo tiro a los pájaros del calentamiento global y la crisis financiera. Se impone un cambio en la mentalidad y una integración total- no sólo teórica- de la eco-innovación en el escenario económico global; el primer paso para eliminar las barreras erigidas por las malas-y obsoletas-costumbres.

Las empresas, y sobre todo las pymes que tratan de llevar a la práctica proyectos de innovación sostenible se ahogan en gastos y acaban dando al traste con proyectos que, en su inicio, no sólo eran respetuosos con el medio ambiente sino que también podrían ser perfectamente viables de contar con la financiación adecuada. Algunos analistas sugieren la creación de una red de expertos que cooperen bajo el ala de la Unión Europea para que colaboren con las compañías ayudándolas a conseguir financiación para sus proyectos de eco-innovación, partiendo de la idea de que los expertos analizarían los proyectos presentados por las compañías y emitirían una garantía de viabilidad a examinar posteriormente por las entidades financieras. La idea, aunque viable, no deja de ser una solución a corto plazo que está muy lejos de conseguir lo verdaderamente necesario: un cambio radical en la mentalidad económica europea y una integración más honesta de la eco-innovación entre las empresas, las instituciones, los bancos y la sociedad en general.

Un flujo de información veraz y continuado es, sin duda, el método más adecuado para lograr esta integración, tal como han admitido expertos como Simon Brooks, vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones (BEI), que ha admitido la existencia de un “amplio margen para que los Estados Miembros mejoren su flujo de información” relativa a la innovación ecológica. Brooks fue incluso más allá reconociendo que aquellas patentes con un componente “glamouroso” o potencialmente atractivo para la sociedad – véanse parques solares, instalaciones de energía eólica marina…- obtenían créditos bancarios con mayor facilidad que aquellos proyectos más “ásperos” o menos espectaculares, como las inversiones en red. Encontrar financiación es, para estos proyectos poco “glamourosos” un desafío todavía mayor.

PATENTES ECOLÓGICAS: LA ESPERANZA DE LA ECO-INNOVACIÓN

La promoción de patentes ecológicas, según la OEP, es una de las medidas a llevar a cabo para poner un grano de arena más en el –hasta ahora despoblado-terreno de la innovación ecológica. Energía solar térmica y fotovoltaica, energía eólica, pilas de combustible o el muy reciente coche eléctrico son algunos de los ejemplos de las patentes que suelen llegar a los despachos de la OEP, aun ritmo de crecimiento del 6% anual desde 1998 que, según coinciden todos los analistas, debe ser urgentemente avivado como medio para fortalecer la lucha contra el cambio climático.

Son los Países Bajos, Estados Unidos, Alemania y Japón los estados que vienen allanando el camino con el mayor número de innovaciones en el sector de las nuevas energías limpias, de la mano de compañías como Nissan, Siemens o General Electric, líderes hasta la fecha en patentes ecológicas. Y mientras unos pocos visionarios del sector privado se asoman tímidamente-y valientemente- a las posibilidades de la innovación ecológica, queda todavía un importante frente por cubrir, el de la creación de vínculos entre sector público y privado como distintivo de la nueva industria verde europea. Las asociaciones entre entes públicos y privados ayudarían en gran medida al impulso de nuevas tecnologías verdes, como coadyuvantes al Plan Europeo de Recuperación Económica.

Por lo pronto, y ante las últimas reclamaciones institucionales, algunos colosos de la industria de alta tecnología, entre ellos Google, Philips e IBM, han comprometido ya sus esfuerzos-también los financieros- en la búsqueda de nuevas tecnologías más ecológicas. No en vano el ahorro energético en iluminación- que representa un 19% del consumo mundial de energía y cuya gestión es actualmente bastante ineficiente- y la mejora en los sistemas de aislamiento eléctrico ayudarían a reducir drásticamente la huella de carbono a nivel global, a la par que generaría un gran número de puestos de trabajo.

La eco-innovación, en palabras de la Comisión Europea es, por tanto, “toda forma de innovación que pretende reducir el impacto medioambiental y optimizar el uso de los recursos”. Bruselas mantiene viva la llama del Programa de Eco-innovación (perteneciente al Programa Marco para la Competitividad y la Innovación) a través de convocatorias periódicas de proyectos dirigidas a empresas-prestando especial atención a las pymes- que desarrollen productos, servicios, prácticas o procesos de gestión medioambiental que no hayan sido comercializados, con el objetivo de introducirlos realmente en el mercado. La convocatoria más reciente con estas características se cerró el pasado 10 de septiembre.

11/11/09 para Intelligence & Capital News Review

domingo, 1 de noviembre de 2009

What night would it be?


What night would it be? Texto de John Ciardi. Ilustración de Edward Gorey.

Y su heredero Tim Burton con Pesadilla antes de navidad